Música para meditar

martes, 4 de febrero de 2014

La muerte de Absalón


EJERCICIO: Lectio VOCATIONALIS
Lectura 2 Samuel 18, 9-10.14ab.24-26.31-32; 19,1
1) Esperar
La muerte de Absalón
Introducción
De pronto, Absalón se encontró frente a los servidores de David. Iba montado en un mulo, y este se metió bajo el tupido ramaje de una gran encina, de manera que la cabeza de Absalón quedó enganchada en la encina. Así él quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo seguía de largo por debajo de él.
Nudo
Al verlo, un hombre avisó a Joab:
“¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!”
Entonces Joab replicó:
“No voy a perder más tiempo contigo”.
Y tomando en su mano tres dardos, los clavó en el corazón de Absalón.

David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela, que había subido a la azotea de la Puerta, encima de la muralla, alzó los ojos y vio a un hombre que corría solo.
El centinela lanzó un grito y avisó al rey. El rey dijo:
“Si está solo, trae una buena noticia”.
Mientras el hombre se iba acercando el centinela divisó a otro que venía corriendo y gritó al portero:
“¡Otro hombre viene corriendo solo!”.
El rey comentó:
“Ese también trae una buena noticia”
En seguida llegó el cusita y dijo:
“Que mi señor, el rey, se entere de la buena noticia! El Señor hoy te ha hecho justicia, librándote de todos los que se sublevaron contra ti”.
El rey preguntó al cusita:
“¿Está bien el joven Absalón?”.
El cusita respondió:
“¡Que tengan suerte de ese joven los enemigos de mi señor, el rey, y todos los rebeldes que buscan tu desgracia!”
Desenlace
El rey se estremeció, subió a la habitación que estaba arriba de la Puerta y se puso a llorar. Y mientras iba subiendo, decía:
“¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ah, si hubiera muerto yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío!”

2) Reconocer– Reconocer-se
La lectura narra el enfrentamiento de Absolón, el hijo de David, con los servidores del Rey. Por unas circunstancias adversas, Absalón queda en desventaja; dicha oportunidad es aprovechada por los servidores que dan muerte al hijo de David.
En dicha escena reconozco con la lucha de David; entre el amor a su pueblo y el amor a su hijo (el enemigo de su pueblo). Sabe que el triunfo  de Absalón será un sufrimiento para todo su pueblo; pero, también, sabe que la muerte de Absalón será un sufrimiento para él.
De dicha lucha, el amor de padre gana.

3) Masticar - Alimentarse
Cuando llegan los mensajeros, al rey, a David, sólo le interesaba saber: ¿Está bien el joven Absalón?
4)Dejarse Interrogar - Traspasar
Esta lectura me lleva a cuestionarme sobre la figura de paternidad en mi historia personal y, por consecuencia, preguntarme por la paternidad de Dios en mi historia de salvación
Comentario
Las lecturas del día presentan la figura de dos padres: el rey David, que llora la muerte del hijo rebelde Absalón, y Jairo, jefe de la Sinagoga, que suplica a Jesús sanar a la hija.
El llanto de David después de recibir la noticia del asesinato del hijo, no obstante éste combatiese contra él para conquistar el reino. El ejército de David ha vencido, pero a él no le interesaba la victoria, “¡esperaba al hijo! ¡Solamente le interesaba el hijo! Era rey, era jefe del país, ¡pero era un padre! Y de esta manera cuando llegó la noticia del fin de su hijo, fue sacudido por un estremecimiento: subió a la habitación de arriba… y lloró”: “Yéndose decía: ‘¡Hijo mío, Absalón. Hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Hubiera muerto yo en vez de ti! ¡Absalón, Hijo mío! ¡Hijo mío!’. Éste es el corazón de un padre, que jamás reniega a su hijo. ‘Es un bribón. Es un enemigo. ¡Pero es mi hijo!’. Y no reniega la paternidad: lloró… David lloró dos veces por un hijo: esta vez y la otra cuando el hijo del adulterio estaba por morir. También aquella vez ayunó, hizo penitencia para salvar la vida del hijo. ¡Era un padre!”.

El otro padre es el jefe de la Sinagoga, “una persona importante pero ante la enfermedad de la hija no tiene vergüenza en arrojarse a los pies de Jesús: ‘¡Mi hijita está muriendo, ven a imponerle las manos, para que se salve y viva!’. No tiene vergüenza”, no piensa en lo que podrán decir los otros, porque es un padre.

David y Jairo son dos padres: “¡Para ellos aquello que es lo más importante es el hijo, la hija! No existe otra cosa. ¡La única cosa importante! Nos hace pensar a la primera cosa que nosotros decimos a Dios, en el Credo: ‘Creo en Dios Padre…’. Nos hace pensar en la paternidad de Dios. Pero Dios es así. ¡Dios es así con nosotros! ‘Pero, Padre, ¡Dios no llora!’. ¡Cómo no! Recordamos a Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén. ‘¡Jerusalén, Jerusalén! Cuántas veces he querido recoger a tus hijos, como la gallina recoge sus pollitos bajo las alas’. ¡Dios llora! ¡Jesús ha llorado por nosotros! Y aquel llanto de Jesús es precisamente la figura del llanto del Padre, que nos quiere a todos en torno a sí”.
“En los momentos difíciles el Padre responde. Recordamos a Isaac, cuando va con Abrahán a hacer el sacrificio: Isaac no era tonto, se dio cuenta que llevaban leña, el fuego, pero no la oveja para el sacrificio. ¡Tenía temor en el corazón! ¿Y qué cosa dice? ‘¡Padre!’. Y de inmediato: ‘¡Aquí estoy hijo!’”. El Padre responde. Así, Jesús, en el Huerto de los Olivos, dice “con aquella angustia en el corazón: ‘Padre, si es posible, ¡aparta de mí este cáliz!’. Y los ángeles vinieron a darle fuerza. Así es nuestro Dios: ¡es Padre! ¡Es un Padre!”. Un Padre como aquel que espera al hijo prodigo que se ha ido “con todo el dinero, con toda la herencia. Pero el padre lo esperaba” todos los días y “lo vio desde lejos”. “Ese es nuestro Dios! y "nuestra paternidad", aquella de los padres de familia así como la paternidad espiritual de obispos y sacerdotes, "debe ser como ésta. El Padre tiene como una unción que viene del hijo: ¡no entenderse a sí mismo sin el hijo! Y por esto tiene necesidad del hijo: lo espera, lo ama, lo busca, lo perdona, lo quiere cercano a sí, tan cercano como la gallina quiere a sus pollitos”:
Y pidamos al Espíritu Santo - porque sólo es Él, el Espíritu Santo – que nos enseñe a decir ‘¡Abba!, ¡Padre!’. ¡Es una gracia! Poder decir a Dios ‘¡Padre!’ con el corazón es una gracia del Espíritu Santo. ¡Pedirla a Él!”.
Autor:
Papa Francisco
Fecha:
04/02/2014
Lugar:
Homilía
en la casa Santa Marta

Referencia
http://www.news.va/es/news/tambien-dios-padre-llora-por-sus-hijos-el-papa-el


lunes, 3 de febrero de 2014

David huye de Jerusalén

EJERCICIO: Lectio VOCATIONALIS
Lectura 2 Samuel 15, 13-14.30; 16, 5-13
1) Esperar
David huye de Jerusalén
Introducción
Cuando David recibió esta noticia:
“Todos los hombres de Israel están de parte de Absalón”
Nudo
dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén:
“¡Rápido huyamos! Si Absalón se nos pone delante, no tendremos escapatoria. ¡Apúrense a partir, no sea que él nos sorprenda, que precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!”.
Desenlace
David subía la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que lo acompañaba también llevaba la cabeza cubierta, y lloraba mientras subía

David maldecido por Simei
Introducción
Cuando el rey llegaba a Bajurím salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Simei, hijo de Guerá.
Nudo
Mientras salía, iba lanzando maldiciones, y arrojaba piedras contra David y contra sus servidores, a pesar de que todo el pueblo y todos los guerreros marchaban a la derecha y a la izquierda del rey. Y al maldecirlo, decía:
“¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y canalla! El Señor hace recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, a quien tú has usurpado el reino. ¡El Señor ha puesto la realeza en manos de tu hijo Absalón, mientras que tú has caído en desgracia, porque eres un sanguinario!”.

Abisai, hijo de Seruiá, dijo al rey:
“¿Cómo ese perro muerto va a maldecir a mi señor, el rey? ¡Deja que me cruce y le cortaré la cabeza!”
Pero el rey replicó:
“¿Qué tengo que ver yo con ustedes, hijos de Seruiá? Si él maldice, es porque el Señor le ha dicho: ‘¡Maldice a David!’. ¿Quién podrá entonces reprochárselo?”.
Desenlace
Luego David dijo a Abisai y a todos sus servidores:
“Si un hijo mío, nacido de mis entrañas, quiere quitarme la vida, ¡cuánto más este benjaminita! Déjenlo que maldiga, si así se lo ha dicho el Señor. Quizá el Señor mire con humillación y me devuelve la felicidad, a cambio de esta maldición que hoy recibo de él”.
David siguió con sus hombres por el camino, mientras Simei iba por la ladera de la montaña, al costo de él; y a medida que avanzaba, profería maldiciones, arrojaba piedras y levantaba polvo.

2) Reconocer– Reconocer-se
La lectura nos narra la huida del rey David de Jerusalén. El relato nos aporta datos del porqué David huye, menciona los lugares por donde pasa el rey con sus servidores, describe el encuentro de David con Simei y nos acerca los diálogos de David con los distintos personajes durante el camino, especialmente, durante este encuentro.
Hay un diálogo del rey David durante el camino, que las lecturas omiten, que quiero destacar:
“-Devuelve el arca de Dios a la ciudad. Si el Señor me concede su favor, él hará que yo regrese para ver el arca y su morada; pero si dice que no le agrado, aquí estoy, que haga conmigo lo que quiera” (15, 25)
Estas palabras expresan la actitud de David durante la huida: actitud de abandono confiado a la voluntad del Señor.
El relato nos narra un acontecimiento negativo de persecución de un hijo a su padre; y durante esta realidad David, el padre, mantiene la confianza en Dios y se abandona a su voluntad.

3) Masticar - Alimentarse
“Aquí estoy,
que haga conmigo lo que quiera”.

4)Dejarse Interrogar - Traspasar
¿Por qué desconfío de la voluntad de Dios sobre los acontecimientos de mi vida?
Comentario
El rey David huye porque su hijo Absalón lo ha traicionado. La Primera lectura, tomada del Segundo Libro de Samuel, narra esta “gran traición” y de sus consecuencias.
David está triste porque “también el pueblo” estaba con el hijo en contra del rey. Y siente “como si este hijo estuviese muerto”. Pero “¿cuál es, entonces, la reacción de David ante esta traición del hijo?”.
Tres actitudes.
Ante todo, David, “hombre de gobierno, toma la realidad como es y sabe que esta guerra será muy” dura y “que habrán muchos muertos”. Por lo tanto, “toma la decisión de no hacer morir a su pueblo”. Él “podía luchar en Jerusalén contra las fuerzas de su hijo”, pero decide que Jerusalén no sea destruida: “David, ésta es la primera actitud, para defenderse no usa a Dios ni a su pueblo, y esto significa el amor de un rey por su Dios y su pueblo. Un rey pecador pero también un rey con este amor tan grande: era tan apegado a su Dios y tan apegado a su pueblo y para defenderse no usa ni a Dios ni a su pueblo. En los malos momentos de la vida ocurre que quizás en la desesperación uno busque defenderse como puede y también usar a Dios y usar a la gente. Él no, la primera actitud es ésta: no usar a Dios y a su pueblo”.

Entonces David elige huir. Su segunda actitud es “penitencial”. Sube al monte “llorando”, caminando “con la cabeza cubierta y los pies descalzos”. Y toda la “gente que estaba con él tenía la cabeza cubierta y, subiendo, lloraba”. Es verdaderamente “un camino penitencial”. “Quizás en su corazón había pensado muchas cosas terribles, muchos pecados, que había cometido”, piensa no ser “inocente”. Piensa también que no sea justo que el hijo lo traicione, pero reconoce no ser un santo y “elige la penitencia”: “Esta subida al monte nos hace pensar en esa otra salida de Jesús, también Él adolorido, descalzo, con su cruz subía el monte. Esta actitud penitencial. David acepta estar de luto y llora. Nosotros, cuando en nuestra vida nos pasa algo así buscamos siempre – es un instinto que tenemos – justificarnos. David no se justifica, es realista, busca salvar el arca de Dios, su pueblo, y hace penitencia por ese camino. Es un grande: un gran pecador y un gran santo. Como van juntas estas dos cosas… ¡Dios lo sabe!”.
En el camino, aparece otro personaje: Simei, que lanza piedras contra David y contra todos sus siervos. Es un “enemigo” que va maldiciendo a David. Uno de los amigos del rey afirma, por lo tanto, querer matar a este “desgraciado”, este “perro muerto”. Pero David lo detiene: “en vez de elegir la venganza contra tantos insultos, escoge confiarse en Dios”. Es más, dice dejar que Simei lo maldiga porque “se lo ha ordenado el Señor”. Y agrega: “Él siempre sabe aquello que ocurre, el Señor lo permite”. "Quizás - piensa David - el Señor mirará mi aflicción y me hará del bien en lugar de la maldición de hoy". La tercera actitud de David es entonces el confiarse en el Señor.

El comportamiento de David, también nos puede ayudar, “porque todos nosotros pasamos en la vida” por momentos de oscuridad y de prueba. He aquí entonces las tres actitudes de David: “No negociar a Dios” y “nuestra pertenencia”; “aceptar la penitencia y llorar sobre nuestros errores”; finalmente “no buscar, nosotros, hacer justicia con nuestras manos, sino confiarnos en Dios”: “Es hermoso sentir esto y ver estas tres actitudes:

  1. un hombre que ama a Dios, ama a su pueblo y no lo negocia; 
  2. un hombre que se siente pecador y hace penitencia; 
  3. un hombre que es seguro de su Dios y se confía en Él".
Autor:
Papa Francisco
Fecha:
03/02/2014
Lugar:
Homilía
en la Casa Santa Marta

Referencia




domingo, 2 de febrero de 2014

Presentación del Señor

EJERCICIO: Lectio VOCATIONALIS
Lectura Lucas 2, 22-40
1) Esperar
Presentación de Jesús
Introducción: Presentación de Jesús en el Templo
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación [Lev 12, 2-4: Purificación de la parturienta], llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor" [Ex 13, 2]. También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor [Lev 12, 6-7]
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel [Isaías 42, 1]. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Desarrollo: El “Nunc dimitis”
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos:luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Desenlace: Profecía de Simeón
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:
“Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Introducción: Profecía de Ana
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casa en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Desarrollo
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Desenlace: Vida oculta de Jesús de Nazaret
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

2) Reconocer– Reconocer-se
El Evangelio describe los acontecimientos que sucedieron en la purificación de María y presentación del niño en el Templo. De las descripciones, quiero destacar la descripción del viejo Simeón: justo y piadoso …esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él.

3) Masticar - Alimentarse
“Conducido por el mismo Espíritu”
4)Dejarse Interrogar - Traspasar
Como el viejo Simeón y la anciana Ana, como tantos hombres que se dejaron conducir por el Espíritu Santo, que seamos dóciles a su accionar en nosotros.
Comentario
La fiesta de la Presentación de Jesús al Templo es llamada también la fiesta del encuentro: el encuentro entre Jesús y su pueblo; cuando María y José llevaron a su niño al Templo de Jerusalén, ocurrió el primer encuentro entre Jesús y su pueblo, representado por dos ancianos Simeón y Ana.
Aquel fue también un encuentro al interior de la historia del pueblo, un encuentro entre los jóvenes y los ancianos: los jóvenes eran María y José, con su recién nacido; y los ancianos eran Simeón y Ana, dos personajes que frecuentaban el Templo.
Observamos qué cosa dice de ellos el evangelista Lucas, cómo los describe.
De la Virgen y de san José repite por cuatro veces que querían hacer aquello que estaba prescrito por la Ley del Señor. Se intuye, casi se percibe que los padres de Jesús se alegran de observar los preceptos de Dios, sí, ¡la alegría de caminar en la Ley del Señor! Son dos recién casados, han tenido apenas su niño, y están animados por el deseo de cumplir aquello que está prescrito. No es un hecho exterior, no es por cumplir la regla, ¡no! Es un deseo fuerte, profundo, lleno de alegría.
¿Y qué cosa dice san Lucas de los ancianos? Subraya que estaban guiados por el Espíritu Santo. De Simeón afirma que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel y que «el Espíritu Santo estaba en él» (2,25); dice que «el Espíritu Santo le había prometido» que no moriría antes de ver al Mesías del Señor (v. 26); y finalmente que se dirigió al Templo «conducido por el Espíritu» (v. 27). Luego de Ana dice que era una «profetisa» (v. 36), o sea inspirada por Dios; y que no se apartaba del Templo, «sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones» (v. 37). En resumen, estos dos ancianos ¡están llenos de vida! Están llenos de vida porque son animados por el Espíritu Santo, dóciles a su acción, sensibles a sus llamados
Es un encuentro entre los jóvenes llenos de alegría en el observar la Ley del Señor y los ancianos llenos de alegría por la acción del Espíritu Santo. ¡Es un encuentro singular entre observancia y profecía, donde los jóvenes son los observantes y los ancianos son los proféticos! En realidad, si reflexionamos bien, la observancia de la Ley está animada por el mismo Espíritu, y la profecía se mueve en el camino trazado por la Ley. ¿Quién más que María está llena de Espíritu Santo? ¿Quién más que ella es dócil a su acción?
Jesús nos sale al encuentro en la Iglesia a través del carisma fundacional de un Instituto: ¡es bello pensar así en nuestra vocación! Nuestro encuentro con Cristo ha tomado su forma en la Iglesia mediante el carisma de un testigo suyo, de una testigo suya. Esto nos sorprende siempre y nos hace dar gracias.
Y también en la vida consagrada se vive el encuentro entre los jóvenes y los ancianos, entre observancia y profecía. ¡No las veamos como dos realidades que se contraponen! Dejemos más bien que el Espíritu Santo anime a ambas, y la señal de esto es la alegría: la alegría de observar, de caminar en una regla de vida; y la alegría de estar guiados por el Espíritu, jamás rígidos, jamás cerrados, siempre abiertos a la voz de Dios que habla, que abre, que conduce, que nos invita a ir hacia el horizonte.
Hace bien a los ancianos comunicar la sabiduría a los jóvenes y hace bien a los jóvenes recoger este patrimonio de experiencia y de sabiduría, y llevarlo adelante – no para guardarlo en un museo, sino para llevarlo adelante, con los desafíos que la vida nos presenta. Por el bien de las respectivas familias religiosas y de toda la Iglesia.

Autor:
Papa Francisco
Fecha:
02/02/2014
Lugar:
Ciudad del Vaticano, fiesta de la presentación del Señor

Referencia
http://www.news.va/es/news/misterio-del-encuentro-con-cristo-luz-del-mundo-ob


sábado, 1 de febrero de 2014

Arrepentimiento de David

EJERCICIO: Lectio VOCATIONALIS
Lectura 2 Samuel 12, 1-7.10-15a
1) Esperar
Arrepentimiento de David
Introducción
Entonces el Señor le envió al profeta Natán.
El se presentó a David y le dijo:
“Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita”.
Desarrollo

David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán:
“¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión”.

Entonces Natán dijo a David:
“¡Ese hombre eres tú!”

Así habla el Señor, el Dios de Israel:
“Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita”.

Así habla el Señor:
“Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol”.
Desenlace
David dijo a Natán:
“¡He pecado contra el Señor!”.

Natán le respondió:
“El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás. No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio”.

Y Natán se fue a su casa.
2) Reconocer– Reconocer-se
Esta lectura es un ejemplo de este segundo paso: el reconocer que la Palabra es una Palabra dirigida; es decir, reconocer que en ella te habla, me habla.

Natán ayuda al Rey a reconocerse en la Palabra de Dios; o sea:
1.       El profeta anuncia la Palabra de Dios a David
2.       El Rey escucha la Palabra y reacciona frente ella
3.       Natán lo ayuda reconocer en esa Palabra: una Palabra dirigida para él y que ella habla de él (en este caso, lo denuncian)
3) Masticar - Alimentarse
“¡Ese hombre eres tú!”
4)Dejarse Interrogar - Traspasar
Padre, ayúdame a reconocer que por medio de la Palabra-de-cada-día me hablas; ayúdame, también, a reconocer que por medio de tus mediaciones humanas, como Natán, me revelas tu voluntad.
Comentario
La doctrina tiene el único propósito de servir a la vida del Pueblo de Dios

Cuando la fe brilla en su sencillez y pureza, la vida eclesial se convierte en el lugar en el que la vida de Dios emerge con toda su fascinación y da fruto. La fe en Jesucristo, de hecho, abre nuestros corazones a Dios.
Desde los primeros tiempos de la Iglesia existe la tentación de entender la doctrina en un sentido ideológico, o de reducirla a un conjunto de teorías abstractas y cristalizadas. En realidad, la doctrina tiene el único propósito de servir a la vida del Pueblo de Dios y garantizar un fundamento cierto a nuestra fe. Desde luego, es grande la tentación de apropiarse de los dones de la salvación que viene de Dios, para domesticarlos - tal vez incluso con buena intención – siguiendo la opinión y el espíritu del mundo”.
El cuidado de la integridad de la fe es una tarea muy delicada que sirve para salvaguardar el derecho de todo el pueblo de Dios para recibir el depósito de la fe en su pureza y en su totalidad. Un trabajo que debe compartirse con los Pastores locales y con las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales.
En efecto, la Iglesia es el lugar de la comunión y, en cada nivel, todos estamos llamados a cultivar y promover la comunión, cada uno bajo la responsabilidad que el Señor le ha asignado. Estoy seguro de que cuanto mayor sea la colegialidad en nuestro trabajo, más brillará ante el mundo la luz de nuestra fe”.

Autor:
Papa Francisco
Fecha: 31/01/2014
Lugar:
Congregación para la Doctrina de la Fe
Referencia
http:// http://www.news.va/es/news/la-doctrina-tiene-el-unico-proposito-de-servir-a-l