Música para meditar

domingo, 23 de febrero de 2014

Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo (atribuida a Pablo VI)

  • Invocación Inicial

Em nome do Pai, e do Filho e do Espírito Santo. Amém


  • Oración

Ven Espíritu Santo y danos un corazón nuevo que reavive en todos nosotros los dones de ti recibidos con la alegría de ser cristianos; un corazón nuevo siempre joven y alegre.

Padrenuestro (en Alemán)
Vater unser im Himmel, geheiligt werde dein Name. Dein Reich komme. Dein Wille geschehe, wie im Himmel so auf Erden. Unser tägliches Brot gib uns heute. Und vergib uns unsere Schuld, wie auch wir vergeben unsern Schuldigern. Und führe uns nicht in Versuchung, sondern erlöse uns von dem Bösen.


Ven Espíritu Santo, y danos un corazón puro entrenado en el amor de Dios, un corazón puro que no conozca el mal sino para definirlo combatirlo y evitarlo; un corazón puro, como el de un niño capaz de entusiasmarse y temblar.

Ave María (en francés)
Je vous salue, Marie pleine de grâce, le Seigneur est avec toi.
Tu es bénie entre toutes les femmes et Jésus, le fruit de tes entrailles, est béni.
Sainte Marie, Mère de Dieu, prie pour nous, pauvres pécheurs, maintenant et à l’heure de notre mort.
Amen.

Ven, Espíritu Santo, y danos un corazón grande, abierto a tu palabra silenciosa y potente, inspiradora, y cerrado a toda mezquina ambición, un corazón grande, fuerte cuya única dicha sea palpitar con el corazón de Dios

Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.



Oremos

Oh Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con la luz del espíritu Santo: haz que guiados por este mismo espíritu, sepamos discernir siempre lo que es recto y gocemos siempre de su alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



sábado, 22 de febrero de 2014

Fiesta de la cátedra de san Pedro

Ejercicio de Lectio Vocationalis (1 Parte)

1° Lectura 1 Pedro 5, 1-4
1) Esperar
Exhortaciones

Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.

Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él,
no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios;
no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.

Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

2) Reconocer – Reconocerse
Te exhorto, siendo yo presbítero como vos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.

Apacienta el Rebaño de Dios, que te ha sido confiado; vela por él,
no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios;
no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.

Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirás la corona imperecedera de gloria.

3) Masticar - Alimentarse
“[…] siendo de corazón ejemplo para el rebaño”.
4)Interrogarse - Traspasar
¿Qué testimonio expresan mis palabras?
¿Qué testimonio expresan mis ejemplos?
Comentario
Algunas frase sobre la importancia del ejemplo:
  • A veces damos consejos, pero no enseñamos con nuestra conducta. François Alexandre
  • Ejemplo es conducta contagiosa. Charles Reade
  • El ejemplo no es la cosa más importante que influye sobre otros. Es la única cosa. Albert Schweitzer
  • El tipo más elevado de hombre es el que obra antes de hablar, y profesa lo que practica. Kung FuTse, Confucio
  • En lo que respecta a la visión de Dios, el estilo de vida es más importante que la forma de hablar. Guillermo de Saint Thierry
  • Los que hacen profesión de pertenecer a Cristo se distinguen por sus obras. San Ignacio de Antioquía
  • Quien tiene la misión de decir cosas grandes, está obligado igualmente a practicarlas. San Gregorio Magno
  • Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo. San Pío de Pieltrecina
  • La predica más eficaz es el buen ejemplo. San Juan Bosco
  • Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos. Lucio Anneo Séneca
  • Las palabras convencen, el ejemplo arrastra. Autor desconocido
  • Los ejemplos son diez veces más útiles que los preceptos. Charles James Fox
  • Los mejores maestros del mundo son las vidas de los grandes hombres. Orson Squire Fowler
  • Nada tan peligroso como un buen consejo acompañado de un mal ejemplo. Madame de Sablé
  • No entones las alabanzas divinas solo con la voz, acompaña también la voz con las obras. Si cantas sólo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás. San Agustín de Hipona
  • No hay más que una educación, y es el ejemplo. Mahler
  • Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo. Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros. Beata Madre Teresa de Calcuta
  • Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios. Beata Madre Teresa de Calcuta
  • Por medio de tu trabajo profesional, acabado con la posible perfección sobrenatural y humana, puedes —¡debes!— dar criterio cristiano en los lugares donde ejerzas tu profesión u oficio. San Josemaría Escrivá de Balaguer
  • Que el principal sermón de tu vida lo predique tu conducta. C.H.Spurgeon
  • Tu vida puede ser la única Biblia que los demás lean. Sandra Estrada

Referencia




viernes, 21 de febrero de 2014

Viernes VI Semana

Año Par: Viernes de la VI Semana del Tiempo Común
1° Lectura Santiago 2, 14-24.26
1) Esperar
La fe sin obras está muerta

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo?
¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: “Vayan en paz, caliéntense y coman”, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.

Sin embargo, alguien puede objetar: “Uno tiene la fe y otro, las obras”. A ese habría que responderle: “Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe”

¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan.

¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril? ¿Acaso nuestro padre Abraham no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves como la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó su perfección? Así se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación, y fue llamado amigo de Dios.

Como ven, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras […] De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras.

2) Reconocer– Reconocer-se
¿De qué te sirve, hermano mío, decir que tienes fe, si no tienes obras? ¿Acaso esa fe puede salvarte?
¿De qué sirve si vos, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dices: “Vayan en paz, caliéntense y coman”, y no les das lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.

Sin embargo, puedes objetar: “Uno tiene la fe y otro, las obras”. A ese habría que responderle: “Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe”

¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan.

¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril? ¿Acaso nuestro padre Abraham no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves como la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó su perfección? Así se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación, y fue llamado amigo de Dios.

Como ves, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras […] De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras.

3) Masticar - Alimentarse
“[…]el hombre no es justificado sólo por la fe,
 sino también por las obras”

4)Interrogarse - Traspasar
¿De qué te sirve, hermano mío,
decir que tienes fe, si no tienes obras?
Comentario
La fe y las obras
Este es un pasaje que debemos tomar en conjunto antes de estudiarlo por partes, porque se usa muy a menudo para demostrar que Santiago y Pablo no estaban de acuerdo. Se supone que Pablo hace hincapié en que somos salvos por la fe sola, y que las obras no cuentan para nada en el proceso salvífico (Romanos 3:28; Gálatas 2:16).
A veces se afirma que Santiago, no sólo difiere de Pablo, sino que le contradice abiertamente. Esta, es una cuestión que debemos investigar.
a) Empezamos por advertir que el punto de vista de Santiago es el de todo el Nuevo Testamento en general.
Pablo también expresa repetidas veces la importancia que asigna a las obras como parte de la vida cristiana. Habla del Dios que “pagará a cada uno conforme a sus obras” (Romanos 2:6); exhorta a todos a despojarse de las obras de las tinieblas y vestirse las armas de la luz (Romanos 13:12). Sostiene que cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor (1 Corintios 3:8; 2 Corintios 5:10).
El hecho de que el Cristianismo se tiene que demostrar con hechos es una parte esencial de la fe cristiana según todo el Nuevo Testamento.
b) Pero el hecho es que Santiago sigue pareciendo como si no estuviera de acuerdo con Pablo; porque, a pesar de todo lo que ya hemos dicho, Pablo hace hincapié especialmente en la gracia y la fe, mientras que Santiago lo hace sobre la acción y las obras. Pero hay que decir una cosa: lo que Santiago ridiculiza no es la idea de Pablo sino una perversión de ella.
Hay dos maneras de creer: Hay una manera de creer que es puramente intelectual; pero lo que creo no tiene la más mínima influencia en mi vida: lo acepto, pero no tiene ningún efecto en mí; y hay otra manera de creer que es llevar esa convicción; no sólo en la mente, sino a la vida y la acción.
A lo que Santiago se opone es a la clase de creencia que consiste en aceptar un hecho sin dejarle que tenga la más mínima influencia en nuestra vida.
Para Pablo creer en Jesucristo quería decir llevar esa fe a cada porción de la vida, y vivir de acuerdo con ella.
El hecho es que nadie se puede salvar por las obras; pero es igualmente cierto que nadie se puede salvar sin producir obras. La diferencia entre Santiago y Pablo depende de su punto de partida. Pablo empieza por el gran hecho básico del perdón de Dios que nadie puede merecer o ganar; Santiago empieza por el que es ya cristiano, e insiste en que debe demostrar que lo es en, sus obras. No somos salvos por hacer las obras; somos salvos para hacer las obras; estas son las verdades gemelas de la vida cristiana. Pablo insiste en la primera, y Santiago en la segunda. De hecho, no se contradicen, sino se complementan; y el mensaje de ambos es esencial a la fe cristiana en su forma más plena. Como decía Lutero: “La fe salva sin obras; pero la fe que salva va siempre seguida de obras”.
Referencia


martes, 18 de febrero de 2014

Martes de la VI Semana


Año Par: Martes de la 6° Semana del Tiempo Común
1° Lectura Sant 1, 12-18
1) Esperar
Respuesta en la prueba
Feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman.
Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.
No se engañen, queridos hermanos. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. Él ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.
2) Reconocer– Reconocer-se
Feliz de ti que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirás la corona de Vida que el Señor te prometió porque lo amas.
No digas, al ser tentado, que Dios te tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni te tienta, sino que eres tentado por tu propia concupiscencia, que te atrae y te seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.
No te engañes, querido hermano. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. Él ha querido engendrarte por su Palabra de verdad, para que seas como las primicias de su creación.
3) Masticar - Alimentarse
“[…] Él ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad”.
4)Interrogarse - Traspasar
“Alza los ojos,
mira el horizonte,
no te cierres a la Palabra,
ve adelante”.
Comentario
Resistir a la seducción de las tentaciones es posible solamente cuando se escucha la Palabra de Jesús. No obstante nuestras debilidades, Cristo nos da siempre “confianza” y nos abre un horizonte más amplio de nuestros límites.
La tentación se manifiesta como una atracción inocua y termina por transformarse en una jaula, de la que a menudo más que buscar evitarla se intenta minimizar su esclavitud, sordos a la Palabra de Dios.
La tentación, ¿de dónde viene? ¿Cómo actúa dentro de nosotros? El apóstol nos dice que no viene de Dios, sino de nuestras pasiones, de nuestras debilidades interiores, de las heridas que ha dejado en nosotros el pecado original: las tentaciones vienen de allí, de estas pasiones. Es curioso, la tentación tiene tres características: crece, contagia y se justifica. Crece: comienza como si nada, y crece… El mismo Jesús decía esto, cuando habló de la parábola del grano y de la cizaña: el grano crecía, pero también la cizaña sembrada por el enemigo. Y la tentación crece: crece, crece… Y si uno no la detiene, ocupa todo.
Además busca otro para hacerse compañía, contagia y en este crecer y contagiar, la tentación nos encierra en un ambiente de donde no se puede salir con facilidad.
Es la experiencia de los Apóstoles narrada en el Evangelio del día, que ve a los Doce culparse unos a otros bajo los ojos del Maestro por no haber traído pan a bordo de la barca. Jesús quizás sonriendo por aquel altercado, los invita a estar “atentos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.” Pero los Apóstoles que por un poco insisten, sin escucharlo, tan cerrados en el problema de quién tuviese la culpa por no haber traído pan no tenían lugar, no tenían tiempo, no tenían luz para la Palabra de Dios.
Y así, cuando estamos tentados, no escuchamos la Palabra de Dios: no escuchamos. No entendemos. Y Jesús ha debido recordar la multiplicación de los panes para hacerlos salir de aquel ambiente, porque la tentación nos encierra, nos quita toda capacidad de previsión, nos cierra todo horizonte, y así nos lleva al pecado. Cuando estamos tentados, solo la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús nos salva. Escuchar aquella Palabra que nos abre el horizonte… Él siempre está dispuesto a enseñarnos cómo salir de la tentación. Y Jesús es grande porque no solo nos hace salir de la tentación, sino que nos da más confianza.
Esta confianza es una fuerza grande, cuando somos tentados: el Señor nos espera, se fía de nosotros tentados, pecadores, abre siempre horizontes. Por el contario, el diablo con la tentación, encierra, cierra, cierra y hace crecer un ambiente parecido a la barca de los Apóstoles. No dejarse encarcelar por este tipo de ambiente, concluyó, es posible sólo cuando se escucha la Palabra de Jesús
Pidamos al Señor que siempre, como hizo con los discípulos, con su paciencia, cuando somos tentados nos diga: ‘Detente, estate tranquilo. Acuérdate que hice contigo en aquel momento, en aquel tiempo: acuérdate. Alza los ojos, mira el horizonte, no cerrar, no te cierres, va adelante’. Y esta Palabra nos salvará de caer en el pecado en el momento de la tentación.
Autor:
Papa Francisco
Fecha:
18/02/2014
Lugar:
Homilía
en la casa Santa Marta

Referencia


lunes, 17 de febrero de 2014

Lunes de la Semana VI

Año Par: Lunes de la 6° Semana del Tiempo Común
1° Lectura Santiago 1, 1-11
1) Esperar
La alegría en medio de las pruebas
Introducción
Santiago, servidor de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.
Desarrollo
Hermanos:
Alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio. Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada del Señor, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.

Que el hermano de condición humilde se gloríe cuando es exaltado, y el rico se alegre cuando es humillado, porque pasará como una flor del campo: apenas sale el sol y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se marchita y desaparece su hermosura. Lo mismo sucederá con el rico en sus empresas.

2) Reconocer– Reconocer-se
La fe del autor es sólida como una roca. Ha experimentado en carne propia que Dios es de fiar… que concede cuando le pedimos los dones que necesitamos.
3) Masticar - Alimentarse
“[…] el que vacila... es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder”.

4)Interrogarse - Traspasar
“Señor concédeme la gracia de la paciencia en este proceso de discernimiento vocacional; que ni la  ansiedad ni la angustia me dominen. 
Ayúdame Señor a vivir esta espera con alegría y confianza en tu voluntad.
Ayúdame a permanecer, sin vacilación, en mi opción vocacional.
Comentario
La paciencia no es resignación, es otra cosa: “alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas”. Parece una invitación a volverse frágil pero no es así. La paciencia, soportar las pruebas, las cosas que nosotros no queremos, hace madurar nuestra vida. Quien no tiene paciencia quiere todo de inmediato, todo de prisa. Quien no conoce esta sabiduría de la paciencia una persona caprichosa, como los niños que son caprichosos y ninguna cosa les está bien. La persona que no tiene paciencia es una persona que no crece, que se queda en los caprichos del niño, que no sabe tomar la vida como viene: o esto o nada. Ésta es una de las tentaciones: volverse caprichosos. Otra tentación de aquellos que no tienen paciencia es la omnipotencia de querer de inmediato una cosa, como sucedió a los fariseos que piden a Jesús un signo del cielo: querían un espectáculo, un milagro: Confunden el modo de actuar de Dios con el modo de actuar de un brujo. Y Dios no actúa como un brujo, Dios tiene su modo de ir adelante. La paciencia de Dios. También Él tiene paciencia. Cada vez que nos dirigimos al sacramento de la reconciliación, ¡cantamos un himno a la paciencia de Dios! Con cuánta paciencia el Señor nos lleva sobre su espalda, ¡con cuánta paciencia! La vida cristiana debe desenvolverse sobre esta música de la paciencia, porque es precisamente la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de aquellos que han creído en la Palabra de Dios, que han seguido el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina delante de mí y se irreprensible’.
El pueblo de Dios ha sufrido tanto, han sido perseguidos, asesinados, pero tuvo a alegría de saludar desde lejos las promesas de Dios. Ésta es la paciencia que nosotros debemos tener en las pruebas: la paciencia de una persona adulta, la paciencia de Dios que nos lleva sobre la espalda. Y ésta es la paciencia de nuestro pueblo: ¡Cuán paciente es nuestro pueblo! ¡Aún hoy! Cuando vamos a las parroquias y encontramos a aquellas personas que sufren, que tienen problemas, que tienen un hijo minusválido o tienen una enfermedad, pero llevan adelante la vida con paciencia. No piden signos, como aquellos del Evangelio, que pretendían una señal. Decían: ‘¡Danos un signo!’. No, no piden, pero saben leer los signos de los tiempos: saben que cuando el higo florece, llega la primavera; saben distinguir aquello. En cambio, estos impacientes del Evangelio de hoy, que querían una señal, no sabían leer los signos de los tiempos, y por eso no reconocieron a Jesús.
La gente de nuestro pueblo, gente que sufre, que sufre tantas, tantas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe: Y esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones - tanta gente – es aquella que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día.
Que el Señor nos dé a todos nosotros la paciencia, la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz, nos de la paciencia de Dios, ésa que Él tiene, y nos de la paciencia de nuestro pueblo fiel, que es tan ejemplar”.
Autor:
Papa Francisco
Fecha:
17/02/2014
Lugar:
Homilía
en la casa Santa Marta

Referencia


domingo, 16 de febrero de 2014

VI Domingo

AÑO A. Domingo VI (Tiempo Ordinario)
Evangelio Mateo 5, 17-37
Una actitud más allá de la ley
Introducción
“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Nudo
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Desenlace
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos”.

Comportamiento fraterno
Introducción
“Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Nudo
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Desenlace
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

Adulterio y divorcio
Introducción
“Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio".
Nudo
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Deselance
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti; es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

Introducción
También se dijo: "El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio".
Nudo - Deselance
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.”

Sinceridad al hablar
Introducción
“Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: ‘No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor’.
Nudo
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Desenlace
Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
Comentario
Queridos hermanos y hermanas buenos días:
El Evangelio de este domingo forma parte todavía del llamado "Sermón de la Montaña", la primera gran predicación de Jesús. Hoy el tema es la actitud de Jesús con respecto a la Ley judía. Él dice: " No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5:17). Así que Jesús no quiere cancelar los mandamientos que el Señor dio por medio de Moisés, sino que quiere llevarlos a su plenitud. E inmediatamente después añade que este "cumplimiento" de la Ley requiere una justicia superior, una observancia más auténtica. Y de hecho dice a sus discípulos: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos " (Mt 05:20).
¿Pero qué significa este "pleno cumplimiento" de la ley? ¿Y en qué consiste esta justicia superior? El mismo Jesús nos responde con algunos ejemplos. Porque Jesús era un hombre práctico, hablaba siempre con ejemplos para hacerse entender. Comienza desde el quinto mandamiento del Decálogo: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás"; pero yo les digo que todo aquel que se enoja contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal". (vv. 21-22). Con esto, Jesús nos recuerda que ¡también las palabras pueden matar, eh? Cuando se dice que una persona tiene la lengua de serpiente, ¿qué quiere decir? Que sus palabras matan. Por lo tanto, no sólo no se debe atentar contra la vida de los demás, sino tampoco derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. Ni hablar mal de él porque llegamos a las habladurías: los chismes también pueden matar, ¡porque matan la reputación de las personas! ¡Es muy feo chismorrear! Al principio puede incluso parecer incluso una cosa agradable, incluso divertida, como si fuera un caramelo. Pero al final, nos llena el corazón de amargura, nos envenena también a nosotros. Pero les digo la verdad, ¿eh? Estoy convencido de que si cada uno de nosotros hiciera el propósito de evitar los chismes, ¡con el tiempo se convertiría en un santo! Éste es un hermoso camino. ¿Queremos llegar a ser santos, si o no? (Síiiiii), ¿Queremos vivir parloteando como de costumbre, si o no? (Noooo). Entonces estamos de acuerdo: ¡basta con los chismes!
Jesús propone a los que siguen la perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida, ir más allá de todo cálculo. El amor al prójimo es una actitud tan fundamental que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos hacer la paz con el prójimo. Y dice así: “Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, y ve antes a reconciliarte con tu hermano”. (vv. 23-24). Por esto estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes de mostrar nuestra devoción al Señor en la oración.
De todo esto queda claro que Jesús no da importancia sólo a la observancia disciplinar y a la conducta externa. Él va a la raíz de la Ley, centrándose especialmente en la intención y por tanto en el corazón humano, donde se originan nuestras acciones buenas o malas. Para obtener un comportamiento bueno y honesto no son suficientes las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresión de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se pueden recibir gracias al Espíritu Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos permite vivir el amor divino.
A la luz de esta enseñanza, todos los mandamientos revelan su pleno significado como una exigencia de amor, y todos se reúnen en el gran mandamiento: amar a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo.

Autor:
Papa Francisco , 09/02/2014, Angelus
Referencia
Comentario
Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.
Autor:
José Antonio Pagola
Referencia
Comentario
Hay dos frases que podemos citar y que vienen, más o menos, a decir lo mismo. Ortega y Gasset dijo: “El río abre su cauce y el cauce esclaviza al río”, y Winston Churchil, por su parte, sentenció: “Creamos nuestras estructuras, y después ellas nos crean a nosotros”.
El que acabamos de leer, es un evangelio que nos presenta a un Jesús legalista, aparentemente. Escuchar por boca de éste que no va a quedar nada sin cumplirse, contrasta con la imagen que, tal vez, podemos tener de Dios. Más aún, si hemos dicho que Cristo está siempre por encima de toda ley o prescripción judaica. Y rápidamente pensamos en ejemplos como el de la observancia del sábado, la cual al Nazareno parece no importarle mucho. Sin embargo, hoy tenemos, en palabras de él mismo, al más cumplidor de lo que está mandado: La ley y los profetas.
Escuchamos que Jesús dice que vino a “dar cumplimiento” a toda la ley. Otras traducciones del evangelio de Mateo, del original griego, traducen ese “dar cumplimiento” como “dar plenitud”. Es más fiel al original esta segunda traducción. Dar plenitud nos presenta un sentido más profundo del mensaje que hoy recibimos.
Si hablamos de ley, sabemos que esto hace al fuero externo de nuestro ser. Si pensamos en las leyes civiles, a muchas de ellas le damos cumplimiento, aunque no estemos convencidos de que deba ser así. Lo mismo nos puede pasar con las normas y preceptos que la religión nos presenta. Podemos ser meros cumplidores, aunque no estemos convencidos de ellas. Y me atrevo a decir que en el tiempo de Jesús le pasaba parecido a la gente de aquél momento. Por otro lado -y estoy seguro de que esto es muy común entre nosotros- es posible que en algunos momentos creamos que habiendo cumplido bien lo prescrito, estamos salvados. Además, el haber “hecho bien los deberes” nos da cierta tranquilidad de conciencia. Entonces, si esto último es verdad, creo que estamos perdidos.
Hoy Jesús nos viene a decir que no basta con cumplir la ley. No es suficiente. Y es él mismo quien afirma que ha venido a darle plenitud, lo cual no debemos confundir con dar vigencia. Es que darle plenitud es ir a lo más profundo de lo que Dios quiere de nosotros. De hecho, él mismo nos recuerda tres puntos bastante controvertidos: El matar, el adulterio y la mentira.
Jesús sube la apuesta, porque no se conforma con el “matar el cuerpo”, sino que va a algo más elevado y dice que el que se enoja o insulta a un hermano merece condena. Es que Dios no quiere que nos matemos sin matarnos. El mejor trato humano que damos a los demás, según el planteamiento de Cristo, debe ser reflejo de llevar a plenitud el no matar. ¿Acaso hemos matado a alguien con el maltrato, verbal o indiferente?
Después tenemos el adulterio, y vemos que hay algo más profundo que dejar los cuerpos inmaculados. La fidelidad que Dios nos pide tiene que tener su raíz en el corazón. Y si hablamos de la verdad, nos plantea que no juremos falsamente, y que seamos claros, transparentes, sin dobleces. Cuando es sí, es sí, y cuando es no, entonces no. Esto creo que también tiene que ver con la lealtad.
Con este planteamiento, podríamos hacernos algunas preguntas: ¿Por qué rezo? ¿Por qué voy a misa? ¿Por qué me confieso? Esto no puede quedar sujeto a las “normas de piedad”, a un precepto de la Iglesia. Mi opción y cumplimiento debe ir más allá de lo que está mandado. Tal vez aquí deberíamos encontrar la concordancia de nuestras vidas con lo que el Hijo de Dios nos pide: Que nuestra justicia, nuestro cumplimiento, sea superior al de los escribas y fariseos, para poder entrar en el Reino de los Cielos. Entonces, si superamos la norma escrita, podemos hablar de plenitud. Y por tanto entenderemos correctamente lo que san Agustín nos dijo: “Ama y haz lo que quieras”.
De este modo, vemos que el salto es cualitativo. Las normas no pueden ser las que nos terminen ordenando y limitando, hay que superarlas. No sea que al final terminemos convencidos de las palabras de Ortega y Gasset, que dicen: “El río abre su cauce y el cauce esclaviza al río”. Y es que los preceptos tienen que ayudarnos a profundizar en nuestro amor y opción por Dios, y en la medida que lo hagan, más nos acercaremos al Señor y a lo que él quiere de nosotros, que es priorizar, en nuestra existencia, la verdad, el amor y la vida
Autor:
Eduardo Rodríguez
Referencia
Ruminatio
1 Lectura
Ecli 15, 15-20
“Porque grande es la sabiduría del Señor”
Salmo
118
“Sé bueno con tu servidor para que… pueda cumplir tu palabra”.
2 Lectura
1Cor 2, 6-10
“Dios nos revelo todo… por medio del Espíritu”.
Evangelio
Mt 5, 17-37
“Que tu palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no”