Música para meditar

lunes, 27 de enero de 2014

David ungido rey de Judá y de Israel

ORACIÓN DE LA MAÑANA

2 Samuel 5, 1-10

  • Reconocer

La lectura nos nos narra dos escenas: 
  1. La unción de David como rey
  2. La conquista de Jerusalén. 

 De estas dos escenas escenas quisiera rescatar la primera: la UNCIÓN.


 Vinieron todas las tribus de Israel
               donde David
                          en Hebrón
y le dijeron:
               "Mira: 
                        hueso tuyo, y carne tuya somos nosotros.
                Ya antes
                        cuando Saúl era nuestro rey
                 eras tú el que dirigías
                         las entradas y salidas de Isarel
                 Yahveh te ha dicho:
                          Tú apacentarás a mi pueblo Israel
                          Tú serás el caudillo de Israel

Vinieron todos los ancianos de Israel
                donde el rey
                           en Hebrón
El rey David hizo un pacto 
               con ellos
               en Hebrón
               en presencia  de Yahveh
y ungieron a David
                como rey de Israel.

De esta escena, quisiera rescatar la memoria del pueblo. Aquel pueblo que guarda en la memoria las Palabras de Dios: "Yahveh te ha dicho". Dichas palabras, que el pueblo memoriza, son reconocidas por el pueblo como PALABRA DE DIOS  a David; y, por ende, PALABRA DE DIOS para el pueblo. 

Pero no es un memoria que queda guarda, sino que es recordada. El pueblo, en esta escena, cumple el rol de testigo; es decir, le recuerda las palabras que Dios le ha dirigido. 


De esta escena podemos rescatar la importancia de las mediaciones humanas entre la Palabra de Dios y nosotros. Y reconocer, que muchas veces estas nos recuerdan aquella Palabra que olvidamos.

  • Masticar

Por eso, durante esta jornada quisiera rumiar estas palabras: 
"Dios te ha dicho"

  • Dejarse Interrogar
Así como David, reconozco que necesito que mi pueblo me recuerde la Palabra de Dios que me ha confiado. 

"¿Cuáles son las Palabras que Dios me ha dirigido?".

  • Comentario
Homilía del Papa Francisco


 La Iglesia no se puede entender como una simple organización humana, la diferencia la hace la unción que dona a los obispos y sacerdotes la fuerza del Espíritu para servir al pueblo de Dios.
Sin esta unción, David habría sido el jefe de una empresa, de una sociedad política, que era el Reino de Israel, habría sido un simple organizador político. En cambio, después de la unción, el Espíritu del Señor desciende sobre David y permanece con él.
Esta es precisamente la diferencia de la unción. El ungido es una persona elegida por el Señor. Así ocurre en la Iglesia con los obispos y los sacerdotes.
Los obispos no solo son elegidos para llevar adelante a una organización, que se llama Iglesia particular, son ungidos, tienen la unción y el Espíritu del Señor está con ellos. Pero todos los obispos, todos somos pecadores, ¡todos! Pero estamos ungidos. Todos queremos ser más santos cada día, más fieles a esta unción. Y aquello que precisamente hace a la Iglesia, aquello que da la unidad a la Iglesia, es la persona del obispo, en nombre de Jesucristo, porque está ungido, no porque haya sido elegido por la mayoría. Sino porque está ungido. Una Iglesia particular tiene su fuerza en esta unción. Y por participación también los sacerdotes son ungidos.
La unción acerca a los obispos y a los sacerdotes al Señor y les da la alegría y la fuerza para llevar adelante a un pueblo, para ayudar a un pueblo, para vivir al servicio de un pueblo”. Dona la alegría de sentirse elegidos por el Señor, mirados por el Señor, con aquel amor con el que el Señor nos mira, a todos nosotros. Así, cuando pensemos en los obispos y en los sacerdotes, debemos pensarlos así: ungidos: De lo contrario no se entiende a la Iglesia, pero no solamente no se entiende, no se puede explicar cómo la Iglesia vaya adelante solamente con las fuerzas humanas. Esta diócesis va adelante porque tiene un pueblo santo, tantas cosas, y también un ungido que la conduce, que la ayuda a crecer. Esta parroquia va adelante porque tiene tantas organizaciones, tantas cosas, pero también tiene un sacerdote, un ungido que la lleva adelante. Y nosotros en la historia conocemos una mínima parte, pero cuántos obispos santos, cuántos sacerdotes, cuántos sacerdotes santos que han dejado su vida al servicio de la diócesis, de la parroquia; cuánta gente ha recibido la fuerza de la fe, la fuerza del amor, la esperanza de estos párrocos anónimos, que no conocemos. ¡Hay tantos!.
Hay tantos, los párrocos del campo o los párrocos de ciudad, que con su unción han dado fuerza al pueblo, han transmitido la doctrina, han dado los sacramentos, o sea la santidad. ¡Pero, padre, he leído en el diario que un obispo ha hecho tal cosa o que un sacerdote ha hecho tal cosa!’. ‘Si, también yo lo he leído, pero, dime, ¿en los diarios están las noticias de aquello que hacen tantos sacerdotes, tantos curas en tantas parroquias de ciudad y del campo, la tanta caridad que hacen, tanto trabajo que hacen para llevar adelante a su pueblo?’. ¡Ah, no! Esa no es noticia. Eh, lo de siempre: hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece. Hoy pensando en esta unción de David, nos hará bien pensar en nuestros obispos y en nuestros sacerdotes valientes, santos, buenos, fieles y rezar por ellos. ¡Gracias a ellos nosotros hoy estamos aquí!


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